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Moda que traspasa las pantallas: Drive

Que el cine y la moda se retroalimentan mutuamente no es nada nuevo. Audrey Hepburn revalorizó a Givenchy y Grease volvió a poner de relieve las cazadoras de cuero y las mallas. El ambiente de Mad men causó tanta influencia en las pasarelas que durante varios años los diseñadores recuperaron los trajes de chaquetas, los trajes entallados.

Ahora, el triángulo formado por el director Nicolas Winding, el actor Ryan Gosling y una cazadora “bomber” con un escorpión bordado han vuelto a crear tendencia y ha demostrar que la moda traspasa las pantalla.

Ryan Gosling caminando con su indispensable bomber. Foto: single.faboulous. com

La prenda nació de la mano de la II Guerra Mundial, cuando los pilotos británicos las popularizaron ya que les protegía del viento y las bajas temperaturas del aire.

A lo largo de las décadas la prenda ha ido variando tanto en color como en tejidos, conservando siempre ese estilo salvaje y atractivo de los grandes “rebeldes” como Marlon Brando y James Dean. No resulta extraño pues que el personaje de Ryan Gosling (cuyo nombre no se dice en todo el largometraje) porte la cazadora en su versión más retro a lo largo de Drive.

Curiosamente, el detalle de la bomber no procede del guion. En palabras de Erin Benach, diseñador de vestuario de Drive, Ryan Gosling fue el culpable de que la cazadora del escorpión se haya quedado en nuestras retinas.

“Había comprado una chaqueta coreana de los años 50 y se paseaba con ella por el plató. Decidimos crear una parecida, aunque cambiamos el nylon del cuello y de las muñecas por algodón”.

También tuvieron problemas con el color que iba a tener la chaqueta ya que el brillo del satén hacía que fuera muy difícil iluminar correctamente la cazadora. Tanto fue así que se barajó la posibilidad de confeccionarla en rojo y en verde militar (colores menos reflectantes); sin embargo al final se consideró que mantenerla blanca ayudaría a darle ese aire retro que tiene la película.

Ryan Gosling muestra su lado más rebelde en Drive. Foto: clothesbeforeshoes. com

El escorpión también se añadió a posteriori para remarcar el aire ochentero de la película y su idea salió de un corto ralizado por Kenneth Anger llamado Scorpio Rising sobre unos moteros. La estética de la cinta es muy sesentera y con una identidad muy marcada, y su influencia se ve no solo en el guiño del escorpión sino también en algunas escenas (y en determinados tipos de planos de Drive).

Aunque este tipo de cazadoras se ve sobre todo ligada a actividades deportivas (baloncesto, baseball, hockey…) su aparición en la cinta de Nicolas Widing puede parece haberle abierto otras vías de explotación y de hecho ya se puede comprar el mismo modelo de bomber que luce Ryan Gosling en Steady Clothes por la friolera de 150 dólares (alrededor de 130 euros).

Cazadora de baseball. Foto: team.russellathletic. com

También los “mods” han vestido esta prenda informal para remarcar su estilo alternativo. La firma Fred Perry tiene un modelo sencillo en azul marino y detalles en rojo en puños y cuello. La cazadora cuesta 85 libras (unos 100 euros aproximadamente).

Sencilla, discreta y formalmente informal. Foto: Modculture. com

En el terreno femenino, hace un par de temporadas Meadham Kirchoff intentó rescatar la bomber de su olvido aunque su presencia no caló hondo fuera de las pasarelas.

Meadham Kirchoff presenta sus nuevas bomber. Foto: stylepropaganda. com

Ahora la firma low-cost por excelencia, recupera la cazadora en su versión informal para su firma Pull and Bear. En tono azul eléctrico, la bomber se convierte en la prenda de las adolescentes que van de sport pero sin perder un ápice de estilo.

Pull and Bear y su versión de la bomber para todos los bolsillos. Foto: trendencias. com

No hará falta esperar mucho tiempo para constatar si se trata de una moda pasajera o si realmente estamos ante una nueva tendencia en moda.

Los globos de oro, discreta elegancia

Un año más, Los Ángeles desafió al frío del invierno y brilló bajo el sol para acoger la 69 edición de los Globos de Oro, la, cada vez menos, hermana pequeña de los Oscar.

Ricky Gervais fue una vez más el maestro de ceremonias de la gala a pesar de que el año pasado sus ácidos comentarios ofendieron a más de un invitado. Con todo, la competición comenzó en la alfombra roja de la Asociación de Prensa extranjera donde las estrellas del panorama audiovisual actual desfilaron ante los medios de comunicación allí reunidos para lograr el preciado título de la mejor vestida.

No fue una pasarela de grandes trajes con escotes imposibles y colas. Las invitadas optaron por diseños monocolor con faldas suaves y caídas vaporosas sin hacer grandes excesos, destacando sobre todo los diseños palabra de honor. A pesar de todo, sí que se pudieron apreciar ciertos toques de elegancia y distinción entre algunas de las invitadas.

En la noche más dorada de enero predominó el color champán, favorecedor tanto a morenas como a rubias. Con él acertó Angelina Jolie, deslumbrante y regia en un Atelier Versace con detalle en rojo. El diseño realza su faceta más seria y formal que se vuelve salvaje con el detalle de color y la abertura de la pierna.

Angelina Jolie posa ante los medios. Foto: gettyimages. com

También Jessica Chastain, nuevo rostro de moda y un descubrimiento reciente en el mundo de la interpretación optó por el champán (en un tono más apagado) para hacer su aparición. El traje, de Givenchy adornado con miles de perlas, refuerza la imagen clásica que Chastain ofrece.

El diseño de Jessica Chastain sigue la línea del que Cate Blanchett lució en los Oscar. foto: gettyimages. com

Su melena pelirroja es el mejor complemento para contrarrestar la palidez de su piel y el color del vestido. Aunque el peinado le confiere un aspecto más duro del que tiene.

Kate Beckinsale demostró una vez más que, aunque en el terreno de la interpretación no está cosechando grandes éxitos, a la hora de desfilar por las alfombras de los festivales y premios, es una de las ganadoras. Su vestido de Roberto Cavalli palabra de honor con escote strapless y falda sirena de múltiples capas, le otorgaba un aire de gran diva de los años cuarenta. El toque final lo dieron los grandes pendiente y el brazalete de oro blanco y diamantes.

Kate beckinsale, muy dulce enfundada en un Roberto Cavalli. Foto: gettyimages. com

Las latinas pusieron el toque racial encabezadas por Salma Hayek, quien, con un fabuloso traje de Gucci de insipración najava cosechó cientos de flashes. El escote palabra de honor recto realzaba su pecho sin sobrecargarlo de voluptuosidad, y la falda suavizaba la fuerza del bustier.

Salma Hayek sobre la alfombra roja. Foto: gettyimages. com

El toque final lo dio su melena despeinada, mostrando su orgullo mestizo.

También la colombiana Sofía Vergara acaparó la atención de los fotógrafos enfundada en un magnífico Vera Wang palabra de honor en tono azul medianoche con escote en forma de corazón y falda sirena que resaltaba sus curvas. La actriz de Modern Family aparcó los llamativos trajes de su álter ego y demostró que la elegancia está en saber explotar los puntos positivos de una mujer sin exponerlos de forma directa.

Sofía Vergara y su vera Wang. Foto: gettyimages. com

Como siempre, la actriz dejó su larga melena castaña sin recoger, suavizando el barroquismo del vestido.

El azul fue también el color escogido por la actriz hindú Freida Pinto, quien se presentó con un precioso diseño de Prada palabra de honor y falda acampanada adornado con un fino brocado del mismo tono que el vestido.

Freida demostró una vez más que los tonos fuertes le favorecen y completó su sencillo y perfecto outfit con un precioso collar de oro de Choppar y un finísmo recogido que debaja al descubierto su rostro.

Freida Pinto acudiendo a la ceremonia de entrega de los Globos de Oro. Foto: gettyimages. com

Una vez dentro todos los invitados disfrutaron de una velada en la que si bien hubo dos grandes vencedores, las estatuíllas fueron muy repartidas.

Una gabardina, un sombrero, Humphrey

En 1941 un maduro neoyorkino se enfundaba en una gabardina beige y un sombrero fedora para interpretar a un oscuro detective de voz grave y rostro serio: la cinta era El halcón Maltés (The Maltese Falcon, John Huston, 1941) y el hombre Humphrey Bogart. Había nacido una leyenda.

Humphrey Bogart, la gabardina foto: sofocomedia. com

Serio, responsable, formal, Bogart representaba el papel del hombre con el corazón de piedra, del tipo duro hecho a sí mismo, con una retórica ágil y un humor mordaz pero deseoso de amar y ser amado. Rodeado por una constante nube de humo de sus cigarros (algo impensable hoy en día) y enfundado en una gabardina. Bogart se convirtió en un icono.

Persona y personaje se fundieron en uno solo gracias a esa prenda tan versátil, enigmática e independiente. La sencilla prenda creada por Thomas Burberry en 1880 se convirtió en parte de Humphrey Bogart y se empapó de la fuerza que irradiaba el actor y esa soledad que lo envolvía en sus grandes papeles. Su virilidad se trasladó a esa prenda y la envolvió del misterio de sus personajes ambiguos. Llevaba puesta la prenda de Burberry cuando tuvo que decir adiós a su amor de película en Casablanca (Casablanca, Michael Curtiz, 1942), y se enfundó en la prenda de algodón para meterse en la piel de Philip Marlowe y mantener ese maravilloso duelo verbal con la que sería el gran amor de su vida, la jovencita Lauren Bacall, en Tener y no tener (The big sleep, Howard Hawks, 1946).

La atmosfera húmeda plasmada en El sueño eterno se lleva mejor con una gabardina

Siempre anudada de forma apresurada e informal, sin planchar. Bogart impreganaba a la gabardina de un estilo duro y cargado de melancolía. La perfecta prenda impermeable creada gracias a un pastor de ovejas, refleja un estilo de vida peligroso y excitante que convierte a su portador en un hombre irresistible.

Su apesto no era el del típico galán, lo que retrasó su carrera cinematográfica. No era carismático como Cary Grant, ni sereno y dulce como James Stewart, pero tampoco era un chico malo como Malron Brando. Humphrey Bogart era cínico y mordaz, con una voz grave y un rostro muy adulto para su edad. Pero justo en el momento adecuado, en plena Segunda Guerra mundial, su fortaleza y determinación se vieron recompensados. Bogart se convirtió en la representación de los clarooscuros de la guerra y de la sociedad del momento. El duro con un corazón blando, el cliché que en realidad era persona y personaje real.

No solo las gabardinas forjaron su estilo, ya que como en todo, en la figura de Humphrey, la importancia está en los detalles. Y el detective más famoso del cine (con permiso de Sherlock Holmes) no sería nada sin sus sombreros.

Empezando por el sombrero fedora que lucía en Casablanca y que empleaba en cintas que se ubicaban en entornos tristes y trágicos. El sombrero, signo de distinción y clase, añade más misterio a los detectives de Bogart y traslada esa magia a su vida fuera de las pantallas. Al cubrir parte de la cabeza, el sombrero transmite la sensación de misterio ideal para los personajes que hicieron famoso a Humphrey. Hombres con un pasado trágico y sacrificados, dispuestos a dejar marchar al amor de su vida sabiendo que su decisión le pesará toda su vida.

Más adelante emplearía también sombreros panamá, ideales para climas cálidos y cintas con un ambiente más brillante. Y también los sombreros de capitán sustituirían a los fedora en los momentos en los que Humphrey Bogart  navegaba por aguas profundas e igual de misteriosas y peligrosas que las calles que erecorría siendo detective.

Con un sombrero viejo y raído conquistó a la gran Katharine Hepburn en La Reina de áfrica (The african Queen, John Huston, 1953). Ambos con años y más arrugas pero con el mismo poder que en su juventud y conflictos de mayor envergadura. Porque para Humphrey la edad no era ningún obstáculo para seguir siendo un galán de Hollywood.

Foto: imdb

Tintín y el secreto del unicornio

Tintín y el secreto del unicornio; así se llama la primera adaptación en pantalla grande de las aventuras de este mítico periodista, su perro Milú y demás compañeros de fatigas. Aunque a decir verdad la cinta no está basada solo en esa historia, sino que también bebe de “El tesoro de Rackhman el Rojo” y de “El cangrejo de las pinzas de oro” y al ver la película la sensación es que hay demasiados retales mal cosidos.

Tras unos títulos de crédito tan brillantes como spoileantes, el resto de metraje resulta en más de una ocasión pesado, repetitivo y excesivo. La pieza muda (aunque muda no sería la palabra, pues John Williams compone una pieza magnífica para el corto) en la que se sobreimpresionan los créditos de la película es eficaz, resolutiva, directa, llena de acción y muy entretenida.

Acto seguido el dibujo da paso al “motion capture”, esa técnica que requiere a actores reales y ordenador y que no es ni una cosa ni la otra y a partir de ese momento es cuando la película empieza a hacer aguas. Sin embargo no es la técnica lo que falla, puesto que la exactitud de los detalles y el realismo de todos los elementos que vemos es bastante impresionante. Los detalles de la barba del capitán o los pelos de Milú son increíbles y gracias a la animación, podemos disfrutar de escenas como la persecución por las calles de Marruecos.

No, lo que falla en Tintín y el secreto del unicornio es su base más profunda, la propia historia. Los fans de Tintín devoramos sus aventuras en nuestra infancia, y las releímos en nuestra adolescencia y juventud y, a pesar de estar en un soporte inanimado, todas las andanzas del reportero tenían vida y alma, y lo que es más importante, el descubrimiento se realizaba de forma paralela entre Tintín y el lector.

En la pantalla no hay ni rastro de la sagacidad de Tintín, de su astucia e inteligencia, su madurez, su resolución. El que se pasea ante nuestros ojos es un niño perdido incapaz de realizar las conexiones de ideas más sencillas (tres unicornios; tres barcos) y que parece tener una necesidad acuciante de expresar en voz alta todo aquello que se pasa por su cabeza, aún cuando, muchas veces, hace ya rato que los espectadores hemos llegado a la conclusión de su divagación.

El hecho de que en el cómic el personaje tenga que externalizar sus pensamientos para que el lector pueda participar de la acción no debe repetirse en la adaptación. El cine nos da la capacidad para mostrar en imágenes, sin necesidad de palabras, lo que los personajes desean, sienten, piensan, hacen. Una obra como Tintín no debería ser trasladada exactamente al cine, punto por punto. La grandiosidad de su historia puede ser plasmada en cine de la forma que se merece, no solo en cuanto a técnica sino sobre todo como narración.

Los personajes dan tumbos a lo largo de la historia y en algunos momentos no se sabe exactamente cómo han logrado llegar a los distintos lugares. No hay rastro de una estructura ni de un esqueleto que vertebre a los personajes y los guíe hacia su destino inevitable. Además, la trama se alarga en exceso lo que convierte a la película en una sucesión de persecuciones y escenas más o menos entretenidas pero sin ningún tipo de alma.

Tan solo el capitán Haddock cuenta con algunas frases y momentos realmente destacables. Su ironía, su visión particular del mundo y su humor extraño siguen la estela iniciada por Hergé y es agradable verle en escena. Su relevancia es tal que en algunos momentos roba el protagonismo a Tintín hasta el punto de hacernos pensar que esta es la historia del viejo lobo de mar y no del periodista. También Hernández y Fernández conservan parte del espíritu de las viñetas, aún a pesar de que a veces parecen caricaturas de sí mismos. Se echa en falta la presencia de un gran compañero de Tintín como es el profesor Tornasol aunque es posible que su figura se viera desdibujada en una versión tan infantil como ésta.

El flashback en el que se presenta la historia del primer Haddock es de lo mejor de la película, tanto por al forma en la que se introduce como por el soplo de aire fresco que supone en la trama. La información está bien dosificada y se transmite de forma dinámica.

Parece mentira, una vez vista la película, que el nombre de Steven Spielberg esté detrás de todo. Y parece más mentira todavía que el “rey midas de Hollywood” se haya acomodado tanto en su sillón que ya no se moleste en crear historias sino solamente en realizar escenas de persecución bien coreografiadas y entretenidas. ¿Qué fue de Indiana Jones? De Tiburón, incluso. Qué fue, sobre todo de La lista de Schindler. Una, fan de Tintín como es, se siente insultada al ver que esos magníficos relatos se han convertido en historietas baratas, en una mera excusa para recrear gags cómicos con mayor o menor fortuna y realizar escenas de acción (muy logradas y entretenidas, eso sí).

Confío en que en la segunda parte, Spielberg y Jackson demuestren el mismo cuidado a la historia que a la imagen ya que es una pena que una obra que podría haber sido absolutamente brillante se haya quedado simplemente en un corta y pega de persecuciones y peleas.

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