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ESTA ENTRADA CONTIENE SPOILERS DEL FINAL DE LA SERIE, SI NO QUIERES SABERLO NO SIGAS LEYENDO

Ayer, tras cinco temporadas y 53 episodios, terminó Doctor Mateo, una de las series más valoradas de la televisión de los últimos años. Me enganché a la serie desde el primer capítulo por su humor sencillo y fresco, las tramas costumbristas y ese toque pintoresco de todos los personajes de San Martín que le daban un toque tierno a la serie. Sin embargo la serie fue perdiendo fuelle al llevar al extremo las idas y venidas entre el doctor Mateo San Cristóbal y Adriana.

 

Por supuesto, la historia se sustenta sobre la tensión sexual entre Adriana y Mateo que a partir de la tercera temporada empezó a mostrar signos de fatiga. Cuando Mateo consiguió declararse a Adriana ya no había nada que hacer (¿qué pasa cuando los personajes ya se han juntado, se han separado y han vuelto a reconciliarse?) y fue entonces cuando apareció el primo, Diego. No es que su presencia no estuviera justificada (necesitaban a alguien para crear un triángulo amoroso y que la pareja siguiera explotando su chispa) pero Diego era una versión más joven y más chulesca que Mateo. Aunque no tiene problemas para relacionarse con la gente es culto, elegante y algo pedante y además es cocinero (la misma afición de Mateo). De las idas y venidas del triángulo amoroso quedan peleas y reconciliaciones y tres bodas fallidas (parece que Mateo sufre el mismo problema que Maggie, la novia a la fuga que protagonizó Julia Roberts solo que él para poner tierra de por medio es capaz de irse a África).

Doctor Mateo acabó como tenía que acabar, con Adriana y Mateo en la moto, enamorados pero sin ese final de cuento de hadas que no es propio de estos personajes. Sí que hay un mensaje de amor, con visita del pasado incluida, la de tío abuelo de Mateo muerto hace tiempo. El tío Yago, dueño de la casa más vieja del pueblo y que murió en Argentina hace años, le recuerda a su sobrino que en esta vida sin el amor no se es feliz y que Mateo, lo quiera o no, es como el hombre de hojalata, que camina hacia Oz buscando un corazón aunque haya tardado cinco temporadas en descubrirlo.

Tras cinco temporadas ahora Doctor Mateo echa el cierre con un final digno que quizás haya llegado demasiado tarde y haya provocado que se quedaran por el camino bastantes telespectadores. Sin embargo reconozco que, aunque las últimas dos temporadas no haya sido la espectadora más fiel de la serie, me da pena no volver a ver a la cotilla Carol (que a veces puede ser un poco pedante pero que en el fondo nos recuerda que a todos nos gustan los chismes), a Alfredo inocente y puro como un niño pequeño pero que con sus torpezas y su bondad consiguió que el duro de Mateo se volviera algo más humano. Y Elena la otra punta del grupo de las chicas y cuya relación con Alfredo empezó un poco forzada pero ha demostrado ser un gran acierto de la serie. La inocencia de él se acopla perfectamente a la neurosis de ella.

Como no, también están Antonio y su mejor amigo el extraterrestre “el Migue” al que nadie ve pero al que todos aprecian. Juana, la voz de la razón, la conciencia y la representante absoluta de que más sabe el diablo por viejo que por diablo. Tom, el dueño del bar y mejor amigo de Mateo desde su llegada.

En el último capítulo todos los personajes se unieron para luchar contra Don Alejandro, el némesis de Adriana y cacique del pueblo. En ese punto, Mateo demostró su implicación y su cambio e inclinó la balanza a su favor. Diego se quedó en el altar, esperando a que Adriana llegara. Diego no se mancha las manos, no se implica mientras que Mateo ha roto con todo. Así, Adriana comprende finalmente que Mateo es su hombre y aunque el descubrimiento llega de forma un tanto tramposa casa muy bien con los personajes. Al final, Adriana tiene a su Mateo, Mateo a su Adriana, y ambos observan San Martín antes de irse porque en las serie, como en la vida, la gente tiene que marcharse para empezar otra historia.

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