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AVISO: ESTA ENTRADA CONTIENE SPOILERS DE LA ÚLTIMA ENTREGA DE HARRY POTTER

Es difícil terminar una historia. La última entrega del El Señor de Los Anillos, el último capítulo de Lost, el cierre de Los Serrano… siempre levantan ampollas. J.K. Rowling tampoco lo tuvo fácil cuando escribió Harry Potter y las reliquias de la muerte, sin embargo demostró que sabía cómo terminar lo que había empezado quince años antes. La novela cerraba todos los cabos sueltos y demostraba que desde el primer volumen el núcleo de la historia estaba perfectamente claro en su cabeza.

En 2001 empezó el proceso de adaptación de las historias del niño mago a la gran pantalla. Después de diez años ha llegado el momento de poner el punto y final a Harry Potter y la segunda parte de Harry Potter y las reliquias de la muerte tiene tantos fallos como aciertos.

La película arranca donde terminó la primera parte: Voldemort ha conseguido la varita de sauco de la tumba de Dumbledore y ahora es invencible. David Yates ha sido el responsable de las últimas cuatro películas (contando con las dos películas en las que se ha dividido el séptimo libro) y durante este tiempo ha demostrado en mi opinión ser un hombre muy irregular y bastante falto de originalidad.

Durante la primera parte, Yates nos regaló algunos momentos memorables (como ese maravilloso corto sobre la historia de los hermanos Peverell) pero a pesar de eso la película arrastraba problemas de fondo arrastrados desde varias películas atrás. Siendo esta parte más reflexiva era de esperar que se mostraran más las vulnerabilidades de los personajes, pero solamente Ron se rebeló como el muchacho que es.

Trasladar a imágenes una novela como esta es complicado y las peleas entre los magos se resuelven de forma digna. La defensa de Hogwarts es espectacular, así como la huída de Gringotts superan los límites de la imaginación. Incluso los cambios que se producen entre la novela y el libro tienen una justificación (en términos de producción y agilidad de la historia) aunque es difícil desligarse de la imagen mental que tenemos formada aquellos que devoramos el libro.

Esta cinta viene cargada de acción y se presenta como la batalla final entre el bien y el mal y eso es precisamente lo que es: una batalla y nada más.  Aquellos grandes momentos de reflexión para Harry, las dudas sobre la muerte, la confianza de Dumbledore, el pasado de su profesor… todos esos elementos que en el libro dibujan mejor la psicología de los personajes y le dan forma quedan desdibujados en la película. Yates crea silencios eternos, cámara lenta, y conversaciones de apenas tres palabras.

Para compensar la falta de información, encontramos párrafos hipertextualizados (como la conversación entre Harry, Ron y Hermione en la que Harry les explica que él es un horrocrux y que ellos ya lo saben).

A la hora de recoger todos los cabos sueltos, Yates y Steve Kloves (el guionista de la cinta) debían cerrar todas las líneas y llevarnos al único punto importante: el destino de Harry siempre ha sido morir a manos de Voldemort y así poder eliminarle. Sin embargo debido a los huecos que fueron dejando en entregas anteriores las decisiones parecen tomadas porque así está escrito. El personaje de Aberforth Dumbledore parece una marioneta que odia a su hermano pero le ha obedecido porque tenía que hacerlo. Y Neville queda reducido a la mínima expresión y aunque le dan un discurso (introducido en la película) en el que puede resarcirse, no se entiende del todo el valor que tiene como personaje.

Afortunadamente Alan Rickman ha tenido más suerte. Su personaje, Severus Snape tiene los mejores diálogos y el compendio de todos sus recuerdos es el mejor momento de toda la película. Al igual que en la primera parte de las reliquias de la muerte, Yates revela que en las pequeñas historias se desenvuelve de forma magistral.

Pero como decía al principio, Yates es un director con poca imaginación. Así, salvo un par de momentos puntuales,todas las grandes escenas de la cinta ya estaban en el libro. El director inglés no ha inventado nada.

Mención aparte merecen la escena del “limbo” entre Harry y Dumbledore que estaba excesivamente iluminada (con ver luz celestial entrando por el fondo y algunos laterales ya podemos deducir nosotros solos que no estamos en el bosque prohibido, no hace falta dejarnos ciegos) y cuyos diálogos habían sufrido un corta y pega horroroso. En el libro ese es el momento en el que Dumbledore espía sus pecados, sin embargo, en la película, suelta un par de frases lastimeras y se va dejándonos la palabra en la boca.

El gran problema de la película al igual que (en mi humilde opinión) del libro es el epílogo. Sin embargo, aunque al leer la novela me chirriaba la escena, aquí el problema es el maquillaje tan cutre (a falta de una palabra mejor). Sinceramente, ver a Daniel Radclife, Rupert Grinn y Emma Watson con el pelo cardado, ropas formales y una prótesis muy pobre no hace que vayan a aparentar 36 años. Más bien parecen unos niños disfrazados de viejos. Es una pena que la última imagen que vemos de esta saga sea la del trío protagonista convertidos en fantoches.

Sin embargo hasta el momento final, en el que Harry, Ron y Hermione miran al futuro con la sensación de alivio por haber terminado y tristeza por las vidas perdidas y la dureza del camino la película se mantiene en un nivel aceptable. Hemos visto al trío protagonista crecer y luchar contra el mal una y otra vez, mantener su amistad unida y sobrevivir y después de todo lo han conseguido. Por ellos, por sus amigos, por su familia y si, por el amor ha merecido la pena este viaje. Con ellos hemos reído y hemos llorado, nos hemos mordido las uñas de la impaciencia, hemos aguantado la respiración (esa no muerte de Harry es de infarto la primera vez que la lees o ves) y hemos querido gritarles en más de una ocasión. Estás vivos y lo seguirán mientras la gente quiera ver las películas y leer los libros y ese es el mayor regalo que nos da.

(10 años son muchos años de historias y de aenturas, ¿qué pasará ahora?)

Supongo que el tiempo ayudará a tomar una conciencia más imparcial sobre la calidad de la película, mi opinión: nada nuevo, todo viejo. El niño que vivió viene a morir y parece que la muerte no será gloriosa aunque que eso no os aleje de un rato de explosiones, peleas y destrucción a mansalva.

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