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Cuando era más pequeña (tendría unos 7 u 8 años) varios veranos, mis primos descubrieron cómo funcionaba la cámara de vídeo de su padre y se les ocurrió (como a muchos niños soñadores, supongo) hacer varias películas (eran más bien cortos porque ninguno duraría más de 10 minutos). Ellos eran los mayores así que varias primas mías y yo obedecimos y participamos. Realmente, aunque vivimos mil y una aventuras rodando en la vieja casa de mi abuela y en el campo, nunca nos sucedió nada ni remotamente parecido que a los personajes de Super 8. Sin embargo, al ver la cinta de J. J. Abrams, recordaba una y otra vez mis propias aventuras y reconocía las discusiones, los líos, el muerto que revive una y otra vez porque no hay nadie más para actuar y sobre todo la ilusión y el sentimiento de que era un juego muy profesional.

Foto cinenredos. com

Abrams no tiene ningún reparo en admitir una y otra vez que fue la cinta de Spielberg, E. T. , la que le metió en el cuerpo el gusanillo del cine. Viendo esta película, esa admiración queda patente desde el minuto uno, aunque el discípulo todavía no ha superado al maestro.

Abrams no tiene la capacidad de Spielberg de hilar todos y cada uno de los elementos de la historia de tal forma que se forme un único núcleo sólido. En Super 8 tenemos varias historia: por un lado la película que están rodando Joe y sus amigos; luego está la trama de superación de la muerte de la madre de Joe y la relación de este con su padre; la historia del extraterrestre. Ademá de eso están la trama de amistad de los chicos y la historia de amor entre Joe y Alice (Elle Fanning que demuestra que puede ser mejor actriz que su hermana).

Con tantos frentes abiertos, el creador de Lost, acaba dejando algunos puntos muy desconectados de otros. Todas las tramas de los niños, tanto el rodaje de The Case, esa cinta de zombies que debe tener siempre “valor añadido” como el romance entre Joe y Alice están llevadas de una forma natural de tal modo que pareciera que en vez de actuar, los niños están viviendo realmente todo lo que les ocurre. En este caso, Abrams demuestra una gran calidad en la dirección de los jóvenes actores, que miran cuando y como tienen que mirar y se mueven como un grupo unido. Cuando la amistad es tan grande, cuando los personajes tiene un vínculo tan bien cimentado, se crean escenas como la discusión entre Charlie y Joe en la que se desvela porqué Charlie quería tener a Alice en la película. Abrams da un chispazo de su talento en esa escena tan tierna como sencilla.

Vía. filmonair. com

Falla, sin embargo, en la relación entre Joe y su padre, Jackson (un agente de policía que asume las funciones del sheriff ante el suceso que activa la película), y sobre todo en las relaciones entre Jackson y Louis Dainard (padre de Alice). Los diálogos resultan ilógicos, así como el trasfondo de los personajes y se dan explicaciones hipertextualizadas que interrumpen la narración (la muerte de la madre de Joe se narra de forma elegante y magistral en la secuencia de arranque de la película sin necesidad de nombrarla por lo que la redundancia en aclarar el incidente resulta molesta).

Es cierto que si la analizamos concienzudamente, la cinta tiene muchos agujeros que la alejan de las obras de Spielberg. Abrams recurre una y otra vez a los mismo trucos a la hora de mostrar a la terrible bestia que, al final, resulta ser un ser incomprendido que solo quiere irse a su casa. Además, esa bestia, nunca parece amenazar de forma real y auténtica a los protagonistas (no, hasta que, ya entrando en el tercer acto, Alice es secuestrada). Sin embargo, aunque mientras veía la película me daba cuenta de estos hechos y de algunos más, cada vez que esos muchachos aparecían en pantalla y vivían su aventura me olvidaba de todo lo demás.

Su historia me recuerda a mis propios veranos. Abrams juega con la nostalgia y con los recuerdos de la infancia para reconectarnos con nuestro niño interior y volver a disfrutar de esa libertad que se tiene cuando se es joven. Super 8 juega con las emociones y los recuerdos y demanda precisamente que nos dejemos llevar por esas emociones más que por nuestra parte racional y analítica.

Mención aparte para la banda sonora de la película. Michael Giacchino, colaborador habitual de Abrams, se supera una vez más para crear una melodía que recuerda a las grandes canciones de Williams. Giacchino hace brillar los momentos más emotivos de la cinta (es su música la que consigue levantar la escena en la que el extraterrestre abandona la tierra, bastante increíble y demasiado almibarada).

Sé que habrá quienes consideren que Super 8 es la nueva maravilla del cine y la suban a los altares y habrá quienes por el contrario se sientan estafado por lo que consideran es un truco de J.J. Abrams. Yo creo que no es perfecta pero eso no significa que pueda disfrutarla y conectar con todos esos pequeños detalles que me recuerdan que Abrams sabe hacer algunas cosas de forma brillante. Como estos chicos, yo también seguiré mirando al cielo imaginando nuevas aventuras.

Via themoviezones. com

PD: No puedo evitar nombrar la joyita que The Case, la película que los niños estaban rodando. El salto del eje, los fallos de guión y sobre todo el tener que matar al mismo extra una y otra vez (se ve que todos los zombies son iguales). La película, rodaba por los adultos, guarda esa semilla de las obras amateurs y se ve de una forma amable y divertida. Si no os quedásteis a los créditos de la película intentad conseguirla y recordareis lo que era hacer películas a los 7, 8, 10 ó 12 años.

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