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Este año hay varias series llamadas a ser las “herederas” de Mad Men, ya que la perla de la cadena AMC no emitirá su nueva temporada hasta la primavera. Sin embargo, igual no comparamos todas las series ambientadas en la actualidad por su imagen, no deberíamos hacerlo con las ambientadas en los Estados Unidos de los años 60.

La NBC emitió ayer su apuesta: The Playboy Club. La serie estaba precedida por la polémica de un alto contenido sexual para una cadena generalista. Retocado el guión y ajustado a los patrones puritanos el club más elitista de Chicago abrió sus puertas.

have your keys ready boys

Con la voz en off de Hugh Heffner y su mensaje de que su prestigioso club (al que hay que entrar con un llave personal e intransferible muy difícil de conseguir) es la magia y la perfección nos introducimos en el mundo de raso, colores y orejitas brillantes. En eso, The Playboy Club no va más allá. Aunque intuímos los dramas personales que tiene cada conejita la serie no se adentra en la falsa concepción de que las mujeres son libres. The Playboy Club dice que las mujeres pueden ser allí quienes ellas quieran ser pero omite añadir que solo lo serán si deciden ser ese objeto de deseo masculino y nada más. El club es un mundo de mujeres, sí; pero bajo el dominio de los hombres (aunque claro, también hay una mujer que domina a un hombre: Carol- Lyne sabe cómo manejar al gran jefe).

Aún así, potencial en la serie capacidad de cambio y oficio para lograrlo; lo importante es que quiera (el problema es que estamos ante una cadena generalista y además muy avejentada por lo que es muy improbable que los cambios lleguen en breve). Una muestra de que en la serie también hay algo de hueco para los cambios sociales: la creación de los primeros centros de reuniones homosexuales. La conejita Alice juega al despiste todo el capítulo (he pensado que era una ladrona, luego que era de alguna secta polígama y luego que era una terrorista) para luego desvelar su pequeño secreto: es lesbiana. Y aunque hoy en día esto no nos resulta innovador hay que tener en cuenta que eran los 60 y que en esa época la homosexualidad era un delito grave además de un estigma.

Pero en The Playboy Club no hay solo conejitas y cajetillas de tabaco. Estamos en Chicago, la única ciudad en la que no tienen que ser los años 30 para poder ver gángsters e involucrarse en asuntos de la mafia. En su primera semana, la conejita cigarrera Maureen, mata accidentalmente al jefe de la mafia de Chicago, con Nick Dalton como único testigo del crimen. Aunque Dalton es abogado y aspirante a fiscal del distrito, decide que lo más sabio es desprenderse del cadáver y que nadie se entere. A partir de ahí comienza la trama policial con toques de thriller en la que los jefes de la costa este no pararán hasta encontrar al jefe. La pobre Maureen va a tener que madurar muy deprisa si quiere sobrevivir.

Maureen y su "víctima"

Es curioso que Nick resulte ser hijo del asesinado, y su hermano el nuevo hombre en cargo y principal enemigo. Las relaciones paterno-filiales problemáticas vuelven a la pantalla, y Nick es un intento de Michael Corleone que todavía está en la fase de renuncia a su familia.

Para los que se esperan escenas de alto contenido erótico o imágenes de pechos; lo siento pero esto no es la tele por cable. NBC juega a insinuar con espaldas desnudas, o toallas convenientemente situadas para tapar zonas indecorosas, un acierto si lo que desean es desligarse de la imagen más vulgar del Playboy Club pero teniendo en cuenta que, por lo que dicen las malas lenguas, la mansión de Hugh Hefner era todo fiesta, desenfreno y ropa interior en el suelo, deberían haber dejado a un lado su puritanismo y atreverse a mostrar un poco más (y esta vez no me refiero a un pecho, sino a la verdadera trastienda del club).

La factura es impecable y los planos buscan la belleza y la nostalgia en todo momento. También los números musicales ayudan a subir la nota de esta serie, esperemo que no decaiga su presencia en los próximos episodios (the sixties, con esa música tan rítmica que levanta el ánimo). Mi puntuación es de notable, y ojalá mejoren los pequeños detalles para convertirla en un nuevo referente.

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