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Desde que se estrenó hace un par de semanas la versión española de Cheers y tras ver las críticas que ha cosechado he estado dándole vueltas a la conveniencia de hacer en España un remake de una serie extranjera. ¿Realmente son exitosas? y sobre todo, ¿son necesarios?

El Cheers de Telecinco podría haber sido la taberna del tío Manolo ya que, de la versión original poco queda. No importa que, como dice Antonio Resines, usen los guiones de la original (Fórmulatv) pues en realidad parece un refrito de los capítulos junto con algunas copias del cine actual (la borrachera y posterior resaca del trío metelíos recuerda sospechosamente a The Hangover). El problema de Cheers es que está intentado imitar a Cheers un serie que está grabada en la mente de muchos telespectadores y cuya calidad está muy por encima del sobresaliente.

Aunque en su estreno acaparó más del 15% de cuota de pantalla, el ritmo es decreciente (aunque lento esta semana solo ha perdido dos puntos situándose en torno al 13%). No sé, donde está el suelo de la serie para asegurarse una renovación pero si la audiencia continúa a la baja creo que será otro fracaso para la cadena de Berlusconi.

(La canción original pegadiza y amena, una melodía buenrollista)

Cuando José Luis Moreno anunció el año pasado que iba a adaptar Las Chicas de Oro para Televisión Española no me lo podía creer (mejor dicho, no me lo quería creer). Yo crecí viendo a Dorothy, Rose y compañía y las recordaba con ese halo de magia que envuelve a la nostalgia y a la infancia. José Luis siguió adelante tradujo casi literalmente los guiones de la original al español y puso a cuatro grandes actrices (eso sí que hay que reconocérselo) al frente del proyecto. Sin embargo, la serie fue un batacazo absoluto. Nadie quería ver copias de sus chicas de oro, quería ver a las auténticas y eso, ni Concha Velasco ni Lola Herrera, ni Carmen Maura lo pueden conseguir a pesar de su enorme talento.

Un poco antes Antena 3 también había intentado su propia adaptación de una serie norteamericana. La elegida fue Life on Mars, que aquí se convirtió en La chica de Ayer. El resultado fue similar al de la serie de Televisión Española. La serie protagonizada por Ernesto Alterio y Manuela Velasco no estaba mal, tenía un ritmo ágil, unos guiones decentes y había química entre la pareja. Sin embargo, otra vez, el listón estaba alto. La serie original se ha convertido en una serie de culto. Eso significa que sus fans lo son hasta la muerte, veneran la serie, sus personajes sus tramas y no aceptarán ni el más insignificante cambio con respecto al producto original: para ellos Life on Mars es perfecta tal y como está y cualquier adaptación será vapuleada y boicoteada.

Pero Antena 3 tuvo una de cal y otra de arena. Su Doctor Mateo es el único remake que ha conseguido sobrevivir y crear un universo propio. Las aventuras del doctor salieron de una serie británica: Doc Martin. Sin embargo muy pocos habían oído hablar de la serie original antes de que se estrenase la española. Y además, fueron muchos los cambios que tuvieron que realizarse para poder adaptar el producto a nuestro mercado. Tuve la suerte de asistir a una clase impartida por Olga Salvador productora de Vértice 360 (la productora que llevó a cabo la adaptación). Entre los cambios que tuvieron que realizar está el obvio de la duración pero también algunos de contenido: en primer lugar se abrió el universo de la serie. Ya no trataba solo de Doc y de su relación con Louisa (la Natalia Verbeke de la serie original); los personajes episódicos se convirtieron en fijos y el pueblo adquirió una identidad como contrapunto de la personalidad del médico.

De ese modo Doctor Mateo consiguió sobrevivir en pantalla durante dos años y 5 temporadas y gustar al público. Es posible que parte de su éxito radicara en que el ciudadano español no tenía un gran conocimiento en la serie original o en que la adaptación se desligó lo suficiente del producto británico para ser original sin perder al mismo tiempo lo que le atrajo de Doc Martin. Lo más probable es que en realidad sea una mezcla de las dos y de ninguna.

En unos meses, Antena 3 emitirá su último remake: Marco. En este caso, la serie de dibujos animados del niño que cruzaba el mundo para encontrar a su mamá llegará en formato de miniserie y con personajes de carne y hueso. Siendo un proyecto de dos episodios, Antena 3 se asegura que si fracasa, la pérdida no será tan grande; y si triunfa… en ese caso seguirá apostando por este modelo para adaptar nuevos productos.

Volviendo a la serie que abre este post, Cheers recoge todo el humor más vulgar de la ficción española al comenzar con esa escena de la despedida de soltero de Resines. En dos minutos ya tenemos a una chica en ropa interior (parece que no acabamos de susperar el destape) y comienza la locura. Los actores todavía tienen que coger el ritmo de la serie, algo normal y que se entiende y se perdona. El problema está en que es imposible saber cuál es el ritmo de la serie. Alberto San Juan y Alexandra Jiménez tienen en general los mejores diálogos y reactivan el espíritu del viejo bar irlandés. Sin embargo sus escenas resultan forzadas y fuera de lugar en un bar en el que Resines y sus dos compañeros son el centro. Ellos concentran gags casposos, repetidos hasta la saciedad, gañanes y perpetuadores del macho ibérico. Si Resines es un hombre tan culto, refinado y elevado como pretende ser al interpretar al Frasier español, ¿entonces porque tengo la sensación de que estoy viendo a Diego Serrano intentando hacerse pasar por alguien que no es?

No hay rastro del espíritu de Cheers, de sus gentes y sus costumbres, el día a día de ese lugar que ya es parte de tí (todo el mundo tenemos un bar o una terraza o una plaza… un sitio en el que nos reunimos con nuestros amigos y del que ya somos habituales). Y siendo un remake de una serie tan importante es necesario recordar en todo momento de donde venimos.

Viendo los resultados de las últimas traslaciones me pregunto porqué las cadenas siguen apostando por esta fórmula. En España no falta el talento, tenemos guionistas increíblemente buenos y que conocen a la perfección nuestras costumbres y nuestras manías y saben cómo hacer series de calidad adecuadas a nuestros gustos. Así que solo queda una respuesta: el miedo.

Los productores (por lo general) son gente conservadora que no está dispuesta a experimentar en algo nuevo. Una idea original es incierta y eso da miedo. Es más fácil invertir en un producto que ya ha sido testado en otros mercados y ya ha obtenido éxito pero si siguen fracasando puede que deje de ser tan rentable.

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