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David (Justin Timberlake) y Jamie (Mila Kunis) son dos amigos a los que han dejado sus respectivas parejas y que están hartos de que con el final de las historias románticas se acabe también el sexo hacen un pacto para seguir teniendo sexo sin implicarse emocionalmente. Sin embargo al final las cosas no son tan sencillas.

Quienes esperen encontrar en Con derecho a roce (Friends with benefits) una comedia gamberra que rompa con todo y con todos no la encontraran; sin embargo para los que estamos ya un poco hartos de las comedias románticas ñoñas y excesivamente edulcoradas, ancladas en el siglo XX, Con derecho a roce supone un alivio.

La premisa es muy parecida a la de Sin compromiso, la cinta protagonizada por Natalie Portman y Ashton Kutcher, aunque esta se acerca más a un comedia y se ríe más abiertamente de sí misma que la del marido de Demi Moore. Con un comienzo que explota todas las excusas cliché que se dicen al romper ya empezamos a intuir que al menos la diversión está garantizada. La historia entre Jamie y David comienza de forma laboral pero continúa tras la química que sienten y se forja como una amistad al más puro estilo femenino: Jamie y David viendo una comedia romántica de lo más vomitiva que cumple al 100% los clichés (y los supera) y sirve de excusa para introducir el primer giro de la película y al mismo tiempo el mensaje. Ese mensaje que es siempre el mismo, la búsqueda del príncipe azul; porque esto es una comedia romántica y porque en el fondo todos queremos acabar nuestros días con alguien a nuestro lado.

El segundo acto transcurre de forma entretenida y ágil, gracias a las escenas de cama y a pesar de los personajes secundarios. Tommy (Woody Harrelson) es el encargado de la sección de deportes de la revista GQ (revista en la que David trabaja como director creativo gracias a Jamie, que es cazatalentos), un gay que se pasa el día hiperexcitado y que de tres palabras que dice, dos son polla (y la tercera es para preguntar a David si es gay o no). Él es el arquetipo que rompe con el arquetipo (se presupone que los homosexuales son los directores creativos mientras que los deportistas son unos auténticos machos heterosexuales) aunque su actuación me resulta demasiado chillona (no es necesario que esté siempre tan exaltado para ser más cómico).

Por otro lado tenemos a Lorna (Patricia Clarkson), la madre de Jamie y una auténtica flower power tan maleducada como su hija. Aunque su actuación es creíble, se nota que la han introducido únicamente para obligar a la pareja a replantearse las cosas y para darle la excusa que llevará a Jamie a celebrar el 4 de julio con David y su familia justo antes de llegar al tercer acto. Lorna adopta el rol de la “mejor amiga” de la protagonista pero sus sentencias son naturales y realistas y creíbles. Aún cuando sabes que su presencia es accesoria te la tragas.

Me cuesta entender sin embargo a la familia de David: su padre (Richard Jenkins) es un antiguo periodista de renombre que perdió su trabajo por culpa del Alzheimer. Su hermana Annie (Jenna Elfman), siempre ha cuidado y protegido a David y cumple el papel del espectador que ya se ha dado cuenta de que entre los dos chicos hay más que una simple amistad y se lo hace ver a su hermano pequeño. Y luego está Sam, el sobrino de David (Nolan Gould, el maravilloso Luke Dunphy de Modern Family), un niño cuya única función en la película es hacer trucos de magia y destacar a todo el mundo lo mucho que le gusta Jamie.

Mila Kunis y Justin Timberlake se desenvuelven muy bien como pareja. Tienen química y las escenas de sexo entre ellos son una brisa de aire fresco. A Kunis el lenguaje soez y grosero le sienta mejor que las formas de una niña buena y aunque debajo de esas palabrotas se esconde una chica insegura que quiere que la amen el personaje funciona perfectamente. Timberlake se presenta como un actor más que decente aunque deberían dejar de darle canciones en sus películas si quiere ser algo más que un cantante que hace películas (puede ser actor y cantante pero por favor, que no se convierta en un cantante que actúa ni en un actor que canta).

A medida que avanza la historia y conforme nos acercamos al mid point (ese punto de no retorno situado a mitad del metraje y que es un mini giro en la historia) el romanticismo empieza a coger fuerza. Aún tardará un rato en llegar la melaza (van a esperar hasta que estemos ya enganchados y seamos unos grandes fans de la pareja) pero la introducción de un interés amoroso para Jamie ya nos lo avanza. Sin embargo el chico en cuestión resulta ser un tío que solo quería sexo con ella (cuando quiere sexo con cariño la plantan pero el sexo sin sentimientos le consigue un hombre, a esta chica las cosas le salen siempre al revés) y que la deja plantada después de la quinta cita (esa regla que Jamie copió de su comedia hiperpastelosa favorita y que, por lo tanto, está destinada a fallar).

De este modo, el triángulo amoroso desaparece antes incluso de quedar establecido (esto no va sobre un chico que descubre que está enamorado de su amiga cuando esta está a punto de irse con otro; esto va de dos amigos que descubren que se han enamorado pero tienen miedo a reconocerlo); lo cual se agradece y supone un cambio en las comedias románticas actuales protagonizadas en su mayoría por Katherine Heighl y cortadas todas por el mismo patrón (*detalle curioso cuando nada más comenzar la película Jamie se queja de las películas protagonizadas por Heighl y de su visión).

Y llegamos al momento en el que se pone toda la carne en el asador y donde la comedia romántica tiene que demostrar que también puede ser romántica. A partir del segundo punto de giro está prohibido reírse abiertamente de los clichés del género porque básicamente es lo que nos vamos a encontrar. En la casa de David, mientras se celebra el 4 de julio, Jamie y él se acuestan. Pero está vez no es como las anteriores y nos damos cuenta no solo porque se miren y ella esté algo triste, sino también porque hay música más sensual y porque no hablan. Ya no hay más clases sobre cómo hacer esto o aquello, más dolor de culo ni más estornudos, solo besos, una luz tenue y planos cortos y ralentizados. Sí, todo aquello que usa la comedia romántica para ensalzar el momento mágico de la pareja.

Después de eso hay un par de momentos cómicos todavía naturales, como si la comedia no se hubiera dado cuenta aún de que ya no tiene que seguir en el mismo tono. Pero se da cuenta en seguida, tenemos a la pareja peleada y aparece una nueva amenaza: los de Amazon quieren que David se vaya a trabajar con ellos; lejos de Nueva York. Pero antes de que podamos dudar de que esa sea la decisión que haya que hacer al final, los padres de los personajes nos dan las respuestas sin que el nuevo trabajo haya sido más que una excusa un falso giro en la historia.

Mientras el padre de David explica (con demasiado melodrama) que dejó escapar a la mujer de su vida porque fue un cobarde y no se lo dijo, la madre de Jamie prefiere ser más actual y menos hipertextualizada (que no significa que no lo sea, pero al menos en ella queda más natural) y le recuerda que tiene que actualizar su cuento de hadas. En el siglo XXI las mujeres no pueden pretender esperar sentadas a que su caballero de brillante armadura llegue a rescatarlas. Jamie ha sido decidida y ha llevado la voz cantante a lo largo de la película (por mucho que fuera David el que propusiera el pacto ella es la que dice como y cuando) y es ella la que tiene la última palabra cuando David organiza todo un flashmob para demostrarle su amor y convertir su vida en una película, aunque sea por un instante.

El final no está exento de guiños hacia lo que ha sido toda la película, desde las frases sobre cómo ponen la banda sonora en las comedias románticas hasta la música de Jason Mraz (esa canción alegre que hace que te vayas con una buena sensación y te olvides de cómo eran las cosas cinco minutos antes) pero sobre todo en ese revolcón final que se dan cuanto intentan tener su primera cita de forma seria y formal.

Las reglas del juego han cambiado y las comedias románticas de Nora Ephron (a la que también nombran en el film) son buenas y deben verse, pero ya no pueden seguir haciéndose en el 2011. Con derecho a roce, prueba que se puede hacer algo distinto aunque tampoco sería positivo que ahora todas las comedias románticas se centrasen en amigos que quieren acostarse juntos para luego enamorarse. Aún así, quiero creer que la evolución de la sociedad también puede llegar hasta género, el más encorsetado y machista.

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