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Cada vez que se estrena alguna serie o película basada en una novela o cómic lo primero que oímos es: “no llega al nivel del libro”. Por muy buena que sea la adaptación, por muy bien que se traslade la esencia de la historia original a la pantalla, siempre nos quedan cosas por contar.

Algún pasaje entero, personajes que se fusionan o que desaparecen completamente, giros en la historia para ajustarse al tiempo, problemas en el presupuesto que obligan a recortar en ambientación… Por regla general, lo que vemos nunca llega al nivel de lo que hemos leído e imaginado con anterioridad.

“Lo que no comprendo es que alguien se apodere realmente de una obra, de una buena novela cuyo autor ha empleado tres o cuatro años en escribir y que constituye toda su vida (…). Si coge usted una novela de Dostoiveski (…), hay muchas palabras en ella y todas tienen una función. (…) Para expresar lo mismo de manera cinematográfica, sería preciso sustituir las palabras por el lenguaje de la cámara y rodar una película de seis horas o diez horas, en otro caso no sería serio.”

Alfred Hitchcock

Siguiendo el consejo de Hitchcock, en los últimos años la televisión ha logrado lo que el cine no podía, crear adaptaciones de grandes novelas de forma fidedigna. Con el cambio de mentalidad de los espectadores y la industria, la televisión se ha convertido en el nicho de las producciones de calidad y arriesgadas. Ha aumentado también la inversión y la confianza de las cadenas en los productores, hasta tal punto de considerar la adaptación de una obra tan cuidada y megalítica como Game of Thrones.

La HBO compró los derechos hace varios años con la intención de crear algún día, una adaptación que estuviera a la altura del producto original. A la hora de trasladarla a la pantalla, sus productores, David Benioff y D. B. Weiss confiaron a la cadena su intención de equiparar cada volumen con una temporada (excepto la tercera, Choque de reyes, que se dividirá en dos temporadas) para poder trasladar de forma digna toda la riqueza del universo de los Siete Reinos y más allá del mar Angosto.

Con el respaldo de la cadena, Bernioff y Weiss se pusieron manos a la obra y sacaron provecho del espíritu de la cadena (conocida por realizar productos de una calidad insuperable) y crear la mejor adaptación posible.De ese modo tenemos como resultado una enorme primera temporada, fiel a la original y que al mismo tiempo que ensalza la literatura de Martin es tremendamente visual. Aunque partían con ventaja, ya que Martin fue durante muchos años guionista de televisión y redactó el libro de tal forma que capa capítulo sea una secuencia de un episodio y cuenta siempre con grandes cliff-hangers.

Aún así, la HBO supo aprovecharse de los conocimientos y cultura de George R.R. Martin y le añadió el toque de la casa con una mayor presencia de escenas de cama, una gran selección de casting, una cuidada ambientación, una excelente distribución de la información, adelantando o retrasando algunos capítulos del libro para mantener la intriga y obtener episodios más equilibrados, diálogos interesantes y elaborados…

Imágenes de The Eyre (el Nido de Águilas). Foto: misfondos. com

También en la HBO, Alan Ball presentó hace cuatro años su versión de True Blood, la famosa saga que Charlaine Harris ha escrito sobre la camarera telépata Sookie Stackhouse.

En este caso, Ball tomó el primer tomo de las aventuras de Sookie como base para producir la primera temporada de su serie. Sin embargo, a partir de la segunda, decidió mezclar elementos de los siguientes libros y crear su propia mitología, al margen de las novelas. El lenguaje literario de Harris aumenta en el drama de Ball, que mantiene la esencia telenovelera de la misma con multitud de pretendientes para Sookie, aunque con una pequeña diferencia. Mientras la Sookie de papel es muy liberal, la interpretada por Anna Pakin mantiene siempre cerca a los dos grandes vampiros de su vida para crear el tan recurrido y necesario triángulo romántico.

Por otro lado, la cadena de cable es perfecta para trasladar el universo erótico escrito por Harris, en otra cadena posiblemente se habría desvirtuado y al mismo tiempo consigue subtextualizar un poco la prosa de Harris, bastante pobre.

The Cw ha ido más allá. En su versión de The Vampire Diaries se ha quedado con lo que funcionaba en las novelas de L.J. Smith: el triángulo entre Elena, Stefan y su hermano Damon, ignorando varios de los libros de forma completa. Los libros de Smith tienen una redacción que deja bastante que desear, con tramas pobres y conflictos ridículos. Además, la construcción de los personajes es infantil (no hay más que ver las decisiones que toman tanto Elena como Stefan y la forma en la que “hablan” con sus diarios).

Los productores, Kevin Williamson y Julie Peck, tomaron como base el primer tomo para construir la primera temporada, pero pronto dejaron atrás el tono puramente teenager y decidieron apostar por construir una historia propia. Además, construyeron aristas para los personajes y les dieron un background más complejo, creíble y sobre todo, interesante. De ese modo, The Vampire Diaries pasó de ser un culebroncillo sobrenatural estúpido y precedible para adolescentes en una serie sobrenatural que seguía atrayendo a los adolescentes pero que les ofrecía un entretenimiento de más calidad.

La tercera temporada retoma elementos de los libros pero al mismo tiempo ha creado tramas completamente nuevas que salvan el show. Ellos ejemplifican perfectamente que se puede mantener la esencia de un libro en su traslación a la pantalla y al mismo tiempo crear un producto completamente nuevo independiente y mejorado, propio de la televisión.

Esa debería ser la regla número uno de cualquier persona que intente trasladar un libro o cualquier otra historia en un formato distinto. No se trata de coger las palabras y ponerlas tal cual en la televisión, porque de ese modo nadie quedará satisfecho, ni los fans de la historia original ni a los nuevos espectadores. Es necesario que la adaptación tenga su propia firma, su identidad, basada en el lenguaje de su nuevo medio y capaz de traslucir la personalidad de sus nuevos autores.

“Cuando se adapta una novela a la pantalla hay que conservar el punto de vista del autor pero haciéndole desaparecer a la vez, conservar el sentido sin que en ningún momento la fidelidad al tezto sea demasiado grande. “

Alexander Mackendrick

Es cierto que cuando la novela es menos conocida o su calidad literaria está más discutida es más sencillo realizar una adaptación decente y hay menos miedo ha cambiar aspectos de la original, sin embargo, ejemplos como el de Game of Thrones demuestran que también es posible introducir tu huella en una gran historia y conseguir una adaptación de 10 y una serie de deiz también.

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