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Entre tanta comedia y tanto drama de culebrón nos encontramos con una de las propuestas más interesantes de este año y que, a pesar de ser el mejor estreno de la cadena de cable Showtime en varios años, no está sonando mucho por internet: Homeland, un thriller de espionaje con el terrorismo como telón de fondo.

El sargento Nicholas Brody (Damian Lewis que vuelve a la televisión después de Life) es liberado tras ocho años de cautiverio en Irak. Aunque todos le ven y le tratan como un héroe, la analista de la CIA Carrie Mathison (Claire Danes, Romeo+Julieta, quien parece haberse dado cuenta de que en el cine no iba a triunfar y ha optado por intentarlo en la televisión) sospecha que Brody puede ser un espía de una célula terrorista musulmana del que le han avisado y que planea realizar un ataque contra Estados Unidos.

Así nos centramos en este primer episodio en dos grandes pilares: la investigación (totalmente extraoficial) de Carrie y la readaptación de Brody a su hogar tras ocho años desaparecido. El hecho de que carrie lleve lo técnico y brody refleje lo emocional crea los grises necesarios para no dar por sentado todo lo que va a ocurrir (¿podremos llegar a empatizar más con “el malo” que con al teórica protagonista?)

Carrie se define desde el primer momento como una mujer fuerte, testaruda, persuasiva, con gran intuición y poco convencional. Es capaz de sobornar a un guardia de una cárcel iraquí y provocar un incidente diplomático con tal de conseguir entrevistar a un preso que va a ser ejecutado sin autorización de sus superiores. Gracias a esta operación de presentación del personaje la agente Mathison descubre que la célula de Abu Nazir (líder terrorista y objetivo último de Carrie) ha convertido a un prisionero de guerra americano.

Lo siguiente que vemos de ella es su llegada a casa tras una noche de fiesta. Algo bastante respetable si no fuera por dos detalles: la extraña píldora que guarda en el bote de las aspirinas y el anillo de pedida que deja en la mesa. La información sobre ella se presenta de forma escalonada, pequeñas dosis bien dispensadas. Su impulsividad queda clara desde el minuto uno pero sus motivaciones más profundas tardan más en aparecer y al final todo se acaba remontando al 11-S y al día en el que se reescribió nuestro mundo. Ese día además, Carrie perdió su puntal en este mundo y comenzó su obsesión con Abu Nazir. Ella refleja la cara más obsesiva de la caza antiterrorista y es también la que dicta la moral de la serie. A pesar de haber sido relegada y de ser una paria dentro de la CIA, Anderson sigue persistiendo en su misión y no duda en incumplir las leyes para seguir sus instintos.

A eso hay que unirle la esquizofrenia que padece desde los 22 años (me atrevería a decir que el 11-S actuó como detonante de la enfermedad) y de la cual se está automedicando a espaldas de la Agencia (ya que si se descubre que tiene un trastorno psíquico no podría trabajar para la CIA) lo que nos da un personaje imprevisible (la escena en la que intenta seducir a Saul es de lo más surrealista). Su trastorno le será también útil para encontrar patrones y descubrir las pistas más pequeñas (como ese código secreto que parece estar utilizando Brody).

Para llevar a cabo su loca (o quizá no tanto) misión de espiar al nuevo héroe americano cuenta con la ayuda de Saúl (Mandy Patinkin quien parece estar cómodo en el rol de maestro de un agente del gobierno como ya demostró en Criminal Minds) su mentor y el único que la conoce lo suficiente como para no dudar de sus palabras a la primera de cambio (aunque tarda también un tiempo en aceptar las acusaciones vertidas por Carrie).

Ambos tendrán que luchar contra la burocracia y la hipocresía del sistema estadounidense, encarnados en la figura de David Estes, director adjunto de la CIA. Para el gobierno la prioridad es ganarse a los medios de comunicación y a los contribuyentes, por eso, nada más conocer la noticia del rescate de Nicholas Brody, su intención es la de hacer de él un héroe nacional que aliente a los jóvenes y los reconcilie con la causa estadounidense. Homeland realiza, a través de Estes y su posición aburguesada, una crítica sobre la teatrificación del conflicto por parte de las altas esferas del país.

Brody no llega tampoco a un hogar perfecto y feliz. Jessica ha perdido la esperanza de que su marido regresara con vida y ahora está intentando rehacerse con el mejor amigo de Brody y compañero de los marines (sí, lo sé, demasiada coincidencia y demasiado previsible pero en el ejército todo es tan endogámico que no chirría tanto). Tras la llegada de Brody la aventura se rompe y Jessica decide esconderle la verdad a su marido, el único problema es que Brody no es tan tonto como parece y se ha dado cuenta de que entre su mujer y su mejor amigo ha habido algo más que un consuelo. Los hijos son por el momento el típico prototipo: hija adolescente rebelde y un niño que no recuerda a su padre pero aún es pronto para aventurar nada más.

Nicholas Brody además tiene mucho que esconder. A través de pequeños flashes descubrimos momentos de la estancia del sargento durante su cautiverio. Curiosamente son las mentiras que cuenta las que activan esos recuerdos y las que nos hacen preguntarnos que quizá Carrie tiene razón.

La traición es el punto central sobre el que gira toda la historia. No duele tanto el hecho de que un hombre pueda ser un terrorista como que un Marine que ha jurado servir y proteger a su patria haya echado por tierra todo su sistema de creencias y haya cometido semejante deslealtad a su país. Para una sociedad como la estadounidense en la que la patria y el honor son las grandes máximas, la traición se castiga muy duramente.

La inocencia o culpabilidad de Brody va a estar en entredicho a lo largo de toda la temporada y siendo como es, un producto de una televisión de cable arriesgada, el resultado puede ser condenatorio para el sargento.

Homeland conserva un ritmo ágil en el primer episodio y, aunque esta no es una serie de persecuciones ni de grandes giros de cámara (mareantes en la mayoría de los casos) tiene mucha acción. En todo momento la historia está girando y manteniendo el interés, ya sea averiguando más sobre el pasado de Brody, creando sospechas o asistiendo al espionaje que Carrie está llevando a cabo.

Además todos los actores se desenvuelven con solvencia en sus roles e incluso Lewis, quien es a mi parecer el más flojo de todos ellos, sabe sacar provecho de su rostro impasible para transmitir la desubicación de su personaje. Mandy Patinkin tira una vez más de lo que mejor sabe hacer y da igual que haga de un muerto, lleve barba y boina o intente detener a criminales perturbados, lo cierto es que el rol de mentor se le da muy bien y resulta muy creíble como figura de autoridad.

Claire Danes camina sobre una línea muy fina con su personaje. Construir las escenas de mayor locura con la determinación y constancia de Carrie es complicado y aunque en algunos momentos se sale un poco del personaje, en general su actuación es destacable.

Aún faltan algunos pilotos por ver, pero desde luego Homeland está entre lo mejorcito de esta nueva temporada (de los dramas serios es el mejor) una serie altamente recomendable.

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