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En 1941 un maduro neoyorkino se enfundaba en una gabardina beige y un sombrero fedora para interpretar a un oscuro detective de voz grave y rostro serio: la cinta era ‘El halcón Maltés‘ (‘The Maltese Falcon’, John Huston, 1941) y el hombre Humphrey Bogart. Había nacido una leyenda.

Gabardina sombrero fedora

Serio, responsable, formal, Bogart representaba el papel del hombre con el corazón de piedra, del tipo duro hecho a sí mismo, con una retórica ágil y un humor mordaz pero deseoso de amar y ser amado. Rodeado por una constante nube de humo de sus cigarros (algo impensable hoy en día) y enfundado en una gabardina. Bogart se convirtió en un icono.

Persona y personaje se fundieron en uno solo gracias a esa prenda tan versátil, enigmática e independiente. La gabardina creada por Thomas Burberry en 1880 se convirtió en parte de Humphrey Bogart y se empapó de la fuerza que irradiaba el actor y esa soledad que lo envolvía en sus grandes papeles. Su virilidad se trasladó a esa prenda y la envolvió del misterio de sus personajes ambiguos. Llevaba puesta la prenda de Burberry cuando tuvo que decir adiós a Ingrid Bergman en ‘Casablanca’ (Casablanca, Michael Curtiz, 1942), y se enfundó en la prenda de algodón para meterse en la piel de Philip Marlowe y mantener ese maravilloso duelo verbal con la que sería el gran amor de su vida, la jovencita Lauren Bacall, en ‘Tener y no tener’ (The big sleep, Howard Hawks, 1946).

La atmosfera húmeda plasmada en El sueño eterno se lleva mejor con una gabardina

Siempre anudada de forma apresurada e informal, sin planchar. Bogart impreganaba a la gabardina de un estilo duro y cargado de melancolía. La perfecta prenda impermeable creada gracias a un pastor de ovejas, refleja un estilo de vida peligroso y excitante que convierte a su portador en un hombre irresistible.

Su aspecto no era el del típico galán, lo que retrasó su carrera cinematográfica. No era carismático como Cary Grant, ni sereno y dulce como James Stewart, pero tampoco era un chico malo como Malron Brando. Humphrey Bogart era cínico y mordaz, con una voz grave y un rostro muy adulto para su edad. Pero justo en el momento adecuado, en plena Segunda Guerra mundial, su fortaleza y determinación se vieron recompensados. Bogart se convirtió en la representación de los clarooscuros de la guerra y de la sociedad del momento. El duro con un corazón blando, el cliché que en realidad era persona y personaje real.

No solo las gabardinas forjaron su estilo, ya que como en todo, en la figura de Humphrey, la importancia está en los detalles. Y el detective más famoso del cine (con permiso de Sherlock Holmes) no sería nada sin sus sombreros.

Empezando por el sombrero fedora que lucía en ‘Casablanca’ y que empleaba en cintas que se ubicaban en entornos tristes y trágicos. El sombrero, signo de distinción y clase, añade más misterio a los detectives de Bogart y traslada esa magia a su vida fuera de las pantallas. Al cubrir parte de la cabeza, el sombrero transmite la sensación de misterio ideal para los personajes que hicieron famoso a Humphrey. Hombres con un pasado trágico y sacrificados, dispuestos a dejar marchar al amor de su vida sabiendo que su decisión le pesará toda su vida.

Más adelante emplearía también sombreros panamá, ideales para climas cálidos y cintas con un ambiente más brillante. Y también los sombreros de capitán sustituirían a los fedora en los momentos en los que Humphrey Bogart  navegaba por aguas profundas e igual de misteriosas y peligrosas que las calles que erecorría siendo detective.

Con un sombrero viejo y raído conquistó a la gran Katharine Hepburn en ‘La Reina de África’ (The african Queen, John Huston, 1953). Ambos con años y más arrugas pero con el mismo poder que en su juventud y conflictos de mayor envergadura. Porque para Humphrey la edad no era ningún obstáculo para seguir siendo un galán de Hollywood.

Foto: imdb

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