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¿Y si una bruja te convirtiese en vampiro y te encerrase en un ataúd durante doscientos años por haberla rechazado? A Barnabás Collins le ha sucedido, y en ‘Sombras Tenebrosas‘ la nueva colaboración entre Tim Burton y Johnny Depp (a la que se une también la esposa de Burton, Helena Boham Carter) cuenta cómo Collins despierta de su sueño para ver a sus descendientes en la ruina y su línea familiar al borde de la extinción.

 Tim Burton vuelve a traernos un personaje excéntrico, oscuro y atormentado, su especialidad desde Eduardo Manos Tijeras y Jack Skellington (para nosotros Jack Skeleton), que se introduce en la peculiar estética cultural e ideológica de los años 70. La unión del estilo barroco de Burton unida a la explosión de color de la época hippie tiene como resultado una hermosa fábula visual que hipnotiza desde el minuto uno. El blanco y negro de Barnabás Collins conoce el tecnicolor de sus descendientes, y como todo está visto desde la visión del vampiro, los rojos se vuelven más ardientes, los amarillos brillan, los naranjas (concentrados en el pelo de Helena Boham Carter) parece una bola de fuego.

Para Burton y Depp realizar esta película era algo especial, ya que ambos son fans de Barnabás Collins desde que eran pequeños. ‘Sombras Tenebrosas‘ está adaptada en un serial estadounidense (allí les llaman soap-opera) de los años sesenta en el que los elementos sobrenaturales fueron apareciendo a lo largo de su emisión. Por su carácter de sopa-opera, lo que primaba en ‘Sombras Tenebrosas’ eran sus enredos románticos. A la hora de adaptarla a película, la carga dramática se ve drásticamente reducida y condensada. A pesar de que en el prólogo se nos presentan el triángulo amoroso y los motivos de Angelique para transformar a Barnabás en un vampiro, la cinta de Tim Burton no acaba de apostar hasta el fondo por ello.

Sin embargo, tampoco se inclina por ninguna de las otras posibilidades (el vampiro que desea ser mortal y redimirse, el vengador, el pez fuera del agua…), dejando la cinta en tierra de nadie.

El talento de Tim Burton queda desdibujado y reducido a escenas y diálogos puntuales, en los que el director hace brillar a sus personajes, sobre todo cuando juega al contraste entre Barnabás y los habitantes de 1972.

Eva Green interpreta de forma brillante a Angelique un personaje histriónico y perturbado que no ceja en su empeño por conseguir a Barnabás aún cuando este siempre le ha dicho que no la ama. Su interpretación es de lo mejor de la cinta.

Por su parte Johnny Depp echa mano de todos sus recursos interpretativos para ponerse en la piel de un vampiro que se considera a si mismo un monstruo y que en su viaje cambia varias veces de Obejtivo final. Parece como si todas las peripecias sufridas por Barnabás a lo largo de la serie tuvieran que estar reflejadas en las dos horas de largometraje.

La trama transcurre a saltos que aumentan la confusión del espectador, que  asiste ojiplático a una resolución bizarra en la que los personajes se enfrentan a su enemiga y para ello recurren incluso a elementos que no se han sembrado (ni nombrado ni siquiera insinuado) a lo largo de la película. Es tal la confusión de esta escena que no se sabe si estamos ante una parodia de las historias fantásticas de los 90 o si Burton realmente se toma en serio lo que está haciendo.

A pesar de ello, estamos ante un hombre que conoce su profesión e incluye referencias como ‘La muerte os sienta tan bien (la locura de Eva Green bebe directamente de Meryl Streep) ‘Austin Powers‘, ‘¿Quién engañó a Roger Rabbit?’ o ‘The Haunting’ y con homenajes a movimientos cinematográficos (el maquillaje y gestos de Barnabás Collins, así como el montaje de la escena final son claros descendientes del expresionismo alemán del que Johnny Depp y Tim Burton son fanáticos) que nos vuelven a recordar que el genio de los góticos sigue ahí aunque en esta película se encuentre oculto.

También la banda sonora, responsable de muchas de las carcajadas, es otro de los aciertos de ‘Sombras Tenebrosas’. Las canciones están fantásticamente colocadas, recurriendo a ritmos setenteros para marcar el humor y cambiando a estilos más trágicos y oscuros en los momentos de mayor tensión. Además, se reserva una visita musical digna de levantar los ánimos de los espectadores, confusos por el devenir de la historia.

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